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Síntoma social: aprendamos a escuchar a tiempo

Algo se está intensificando en las adolescencias. No apareció de la nada, pero hoy se vuelve más visible, más urgente. Y no es casual: vivimos en un contexto nacional e internacional donde la violencia circula como respuesta posible a los conflictos. Esto forma parte del aire que respiramos todos, y por qué no, los adolescentes.

Ahora bien, antes de seguir vale una aclaración: todo adolescente rompe normas, discute, se encierra, prueba límites. Eso no es un problema —es parte de su crecimiento, de la necesaria separación del mundo de sus padres, del trabajo, de construir una identidad propia-. Lo que sí merece especial atención es cuando esas señales se intensifican y dejan una marca notoria en su cuerpo, en sus vínculos o en su manera de estar en el mundo.

Hoy hay señales que vale la pena nombrar: trastornos en la conducta alimentaria, conductas autolesivas, consumo problemático de alcohol, marihuana y psicofármacos sin prescripción, participación en retos virales, cyberbullying, crisis de identidad, síntomas depresivos y una sensación de vacío ante la vida. En los casos más extremos, amenazas de tiroteo en escuelas.

En este contexto, el psicólogo Eduardo Lavorato ofrece una clave para entender estas señales: muchos adolescentes no buscan dañar, buscan ser visibles.

Detrás de muchas de estas conductas hay una necesidad humana básica no satisfecha: existir para otro, ser visto, importar. Entonces, debemos entender que un adolescente se cierra y deja de poner en palabras lo que le pasa cuando se siente invadido, corregido o no escuchado. Y se termina de retirar cuando:

  • Lo interrogamos con ansiedad, disfrazada de interés
  • Convertimos cada conversación en una oportunidad de corrección
  • Damos consejos antes de terminar de escuchar
  • Minimizamos lo que siente (“A tu edad, yo…”) o lo dramatizamos.

En cambio, lo que sí puede hacer diferencia es ofrecer un vínculo disponible:

  • Escuchar sin corregir de inmediato
  • Tolerar silencios
  • Interesarse genuinamente por su mundo
  • Compartir momentos sin exigencia
  • Preguntar sin invadir
  • Sostener la presencia incluso cuando no hay respuesta.

Es posible que los adolescentes se abran cuando el adulto simplemente está. La confianza no se construye en las crisis, sino en lo cotidiano.

Si notás señales de alarma en un adolescente de tu entorno, consultá con un profesional de salud mental.

Por Bianca Venticinque