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Las entidades de salud mental son un sector vital para el bienestar social. Problemas, avances y retrocesos.
El malestar psíquico ha aumentado en los últimos años, principalmente en el período postpandemia. El trabajo y la falta de dinero son las principales causas de estrés, ansiedad y angustia. Según el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la UBA, el riesgo de padecer un trastorno mental es del 9,4%, y los más jóvenes son los más susceptibles a estos padecimientos.
En cuanto a la atención, el 51,71% de las personas que no reciben tratamiento psicológico considera que lo necesita, pero no tiene acceso porque hay pocos profesionales y mucha demanda, por lo que acceder a la atención primaria en salud mental es complejo. Y, aun cuando lo resuelven y pueden atenderse, muchos encuentran dificultades para reinsertarse laboralmente y tener un hogar.
¿Cómo solucionarlo? Para los especialistas, se requiere de políticas activas de salud mental a través de la promoción de conductas saludables y del incremento del acceso a tratamientos psicológicos. Pero la Ley de Salud Mental, que resulta indispensable en este momento, está en peligro. En este contexto, una vez más, el cooperativismo es una respuesta.
Federico Bejarano es psicólogo social e impulsor de la cooperativa “La Huella” y de la Red de Cooperativas Sociales. La red reúne a entidades vinculadas con la salud mental que buscan conformar alternativas laborales saludables para personas que han pasado por una internación o tienen una vulnerabilidad socioeconómica y una fragilidad psicosocial. Está conformada por cooperativas y emprendimientos de integración sociolaboral de salud mental, universidades nacionales y asociaciones civiles.
Desde ese espacio, lograron cuantificar el crecimiento del sector vinculado con la salud mental. Según datos obtenidos desde 2017, en el país hay doce cooperativas de inclusión sociolaboral, una de las cuales es mixta (de cuidados e inserción), además de alrededor de 50 emprendimientos vinculados con la salud mental.
La Red de Cooperativas Sociales cuenta con el respaldo de la Federación de Cooperativas Autogestionadas de Buenos Aires (Fedecaba) y la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo (CNCT).
En los últimos años, desde el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes) se dieron a conocer algunas resoluciones que favorecieron el desarrollo de este tipo de experiencias. En 2019 se declaró “De interés” a las cooperativas sociales para lograr la inclusión de personas en situación de vulnerabilidad social, entre las que se encuentran las de salud mental.
Tres años después se estableció la posibilidad de declarar a las cooperativas de inclusión como multiobjeto (esta resolución sale específicamente para discapacidad psicosocial-salud mental). Y ese mismo año se amplió la resolución, haciéndola extensiva a todas las personas con discapacidad, no solamente psicosocial.
“A través de la comisión de Discapacidad de Cooperar, se continúa trabajando para sensibilizar a nuestro sector, junto con la Agencia Nacional de Discapacidad. La Federación Argentina de Entidades Solidarias de Salud (Faess) viene brindando apoyo a este tipo de cooperativas”, dijo Mariana Pacheco, psicóloga, presidenta de la cooperativa “Apalabrar” y secretaria de la cooperativa de inclusión sociolaboral “La Huella”.
Una red de contención
“La Huella” es una de las cooperativas más antiguas del sector de salud mental. Al principio se trató de un taller y un emprendimiento de muebles reciclados con inclusión laboral en el Hospital Neuropsiquiátrico “José T. Borda” de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Y desde entonces empezó a hacer escuela. Hoy amplió su oferta a diversos productos hechos de madera, con un enfoque centrado principalmente en la inclusión sociolaboral.
Dos experiencias que confirman la influencia de “La Huella” y demuestran la inclusión social que genera el modo cooperativo son la Cooperativa Lavandería de Ropa en Rosario y “Abriendo Caminos”, en Tres Arroyos (provincia de Buenos Aires).
Coopelav es una cooperativa de trabajo para la inclusión social que surgió en 2022 por una iniciativa de las trabajadoras del Centro Regional de Salud Mental “Doctor Agudo Ávila”. Desde su origen, brinda servicios de lavandería de ropa a vecinos del barrio Pichincha de Rosario. Cuenta con once asociados y tres personas que realizan prácticas laborales en el lugar. Todas ellas tienen algún padecimiento subjetivo o discapacidad psicosocial.
Alejandra Luque, después de varios años de tratamiento psicológico, se encontró con la posibilidad de participar de una cooperativa. Se capacitó en lavandería y, cuando se conformó Coopelav, fue una de las primeras en sumarse. Está en atención al público, recibe pedidos, está en la caja y también lava. “Hago de todo un poco”, dice, orgullosa, quien hace tratamiento ambulatorio desde hace diez años. Antes de la cooperativa, hacía trabajos esporádicos de forma precarizada. Le costaba conseguir estabilidad laboral.
Carla Dotta es trabajadora social e integrante del equipo de apoyo de Coopelav. “Estamos ante una crisis donde reinan el desempleo y la precarización del trabajo. Y todo este proceso enferma, agota, estresa y deprime a la clase trabajadora, que trabaja, justamente, para subsistir y desarrollarse humanamente. Esta situación, a los trabajadores de sectores populares que sufren algún problema de salud mental los deja en desventaja respecto del resto de la sociedad. Es decir, para estas personas, es muy difícil conseguir un empleo”.
Este equipo tiene como objetivo colaborar con los asociados. Más allá de lo laboral, brindan un apoyo a nivel humano en las tareas cotidianas, la organización del espacio y la mediación de las relaciones interpersonales e institucionales.
“El trabajo, además de ser un medio para la subsistencia, es un ordenador social y simbólico en el cual se puede dar sentido”, explica Carla. “Es así que los socios están comprometidos con el trabajo, perfeccionan la tarea que realizan y aprenden un oficio con desafíos”.
Consejo de Administración.
Cooperativa de Trabajo La Posta del Noroeste Ltda.