Sociedad

Veredas libres: una norma vigente, una deuda pendiente

En Lincoln existe una herramienta clara para ordenar el uso del espacio público: la Ordenanza N° 2832/23. Su espíritu es simple y necesario: garantizar que las veredas sean transitables, seguras y accesibles para todos.

Sin embargo, la realidad cotidiana parece ir en otro sentido.

La normativa es explícita. Prohíbe la presencia de elementos que obstruyan la vía pública y habilita al Municipio a intimar su retiro, e incluso a removerlos de manera inmediata cuando representen un riesgo para los ciudadanos.

También regula la construcción de rampas.

Y menciona que es responsabilidad del Municipio la construcción de las mismas.

Pero basta con recorrer algunas cuadras para advertir la distancia entre lo que establece la ordenanza y lo que ocurre en la práctica.

Motos estacionadas sobre las veredas, macetas que reducen el espacio de circulación, bicicleteros mal ubicados, mesas y sillas de comercios gastronómicos que invaden el paso peatonal. Elementos que, de manera individual, pueden parecer menores, pero que en conjunto construyen un escenario cotidiano de obstáculos.

En una ciudad con más de 400 cuadras, cada uno de estos casos no es aislado. Se repite, se multiplica y termina afectando la circulación general, pero sobre todo la de quienes más dependen de veredas despejadas: personas con discapacidad, personas mayores, con movilidad reducida, o familias con cochecitos.

La pregunta entonces no es qué dice la norma, porque está claro. La pregunta es por qué, a pesar de existir, no logra traducirse en una transformación real del espacio público.

Garantizar veredas libres no debería ser una aspiración, sino un piso básico de convivencia. Porque, cuando circular se vuelve difícil, lo que está en juego no es solo el orden urbano, sino el derecho de las personas a moverse con libertad y autonomía.

Ariela Crous

DNI: 40.479.337