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¿Qué regalo necesita un niño en estas fiestas?

O, ¿qué necesita un niño para crecer sano?

Infancias cuidadas en tiempos de fiestas

Cuando se acercan las fiestas, solemos preguntarnos qué regalar, qué comprar, qué mesa preparar, cómo llegar a fin de año. Pero rara vez nos detenemos a pensar en qué es lo que realmente necesita un niño para crecer sano mental, física y emocionalmente, especialmente en estos tiempos de encuentros, despedidas, balances y emociones intensas.

Criar no es una suma de técnicas ni una lista de exigencias. Criar es, ante todo, ofrecer condiciones de seguridad para que un niño pueda desplegar su potencial.

Desde mi experiencia profesional, personal, por un lado, y la psicopedagogía, la neurociencia y la teoría del apego, hoy sabemos que el desarrollo saludable no depende de la perfección adulta, sino de la calidad del vínculo.

La salud mental se construye en el vínculo. Un niño desarrolla una mente sana cuando crece acompañado por adultos disponibles, predecibles y confiables. No se trata de estar todo el tiempo, sino de estar de verdad: mirar, escuchar, alojar, sostener y cuidar.

En las fiestas, cuando el ritmo se acelera y los adultos estamos más cansados o sobreexigidos, los niños suelen quedar atrapados en mandatos como “Portate bien”, “No molestes”, “Saludá” y “Dale un beso”. Sin embargo, su bienestar mental necesita justamente lo contrario: ser respetado en su subjetividad.

Un niño sano mentalmente es aquel que sabe que puede acudir a un adulto cuando algo lo abruma, cuando se siente triste, cansado o desbordado. Esa certeza —“Hay alguien para mí”— es la base de la autoestima y de la futura autonomía.

La salud emocional: sentirse amado sin condiciones

La salud emocional no se construye enseñándoles a los niños a controlar lo que sienten, sino permitiéndoles sentir. Llorar, enojarse, frustrarse o necesitar retirarse de un festejo también es parte de estar vivo.

Necesitamos permitirnos poder hacerlo sin culpa ni miedo, entendiendo que lo que priorizamos es el bienestar de todos, evitando incomodidades, tensiones y exponerNOS y exponerLOS cuando no están en condiciones de permanecer.

En Navidad y Año Nuevo, cuando la alegría parece obligatoria, muchos niños sienten emociones contradictorias: extrañan a alguien, se cansan del ruido, se saturan de estímulos. Necesitan adultos que no les exijan alegría constante, sino que validen lo que aparece.

Un niño emocionalmente sano es aquel que se siente amado, no por portarse bien, sino por ser quien es. Que sabe que el amor no se retira cuando se equivoca, cuando se desregula o cuando dice que no.

El amor no se mendiga, como estuvimos escuchando por los medios en boca de Mario Pergolini.

El cuerpo también necesita cuidado

La salud física va mucho más allá de la comida o los regalos. El cuerpo infantil necesita descanso, movimiento, contacto y calma.

Hablamos de NECESIDAD, NO DE CAPRICHOS.

En tiempos de fiestas, solemos alterar rutinas, horarios de sueño y alimentación. No se trata de evitarlo, sino de comprender que los niños no tienen el mismo umbral de tolerancia que los adultos. Un niño cansado no es maleducado; está agotado.

El contacto corporal —abrazos, cercanía, presencia— sigue siendo una necesidad vital, incluso cuando “ya están grandes”. El cuerpo es el primer territorio de seguridad.

Menos exigencias, más presencia

Tal vez el mayor regalo que podemos ofrecer en estas fiestas no viene envuelto en papel, sino en gestos cotidianos.

Una mirada que calma;

un límite dicho con respeto;

un “Te entiendo”;

un adulto que regula antes de exigir.

Criar sanamente no implica hacerlo todo bien, sino estar disponibles emocionalmente, incluso en medio del cansancio, las mesas largas y los balances de fin de año.

Para cerrar el año con sentido

Las fiestas pueden ser una oportunidad para volver a lo esencial: los niños no necesitan adultos perfectos; necesitan adultos presentes, humanos y amorosos. Porque al final del día —y del año— lo que deja huella no es el regalo más caro, sino la certeza profunda de haber sido vistos, escuchados y amados.

Por Cecilia Liberto, crianza y aprendizaje, psicopedagoga especializada en crianza, primera infancia, adolescencia, neurociencia y orientación familiar.