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La historia detrás de “Bajo los palos”

A Mario lo conozco, creo, desde que llegué a Lincoln. ¿Cómo no hacerlo? Él trabajaba en la calle —y todavía lo hace— y siempre estaba ahí. Con el tiempo, terminó convirtiéndose en uno de esos personajes típicos del pueblo al que todos conocen.

Mi relación con él fue creciendo con los años. Primero, desde la música; después, desde el fútbol; y, más tarde, desde las historias compartidas.

En mi época de estudiante secundario le escribí una canción a su hija mayor. Tiempo después, ya estudiando Educación Física, volví a escribir otra. Y Mario siempre estaba cerca.

Él trabajaba como seguridad en muchos de los bailes en los que yo actuaba. Y la verdad es que imponía respeto. Era un tremendo “mono”: alto, grandote, de esos tipos que meten miedo apenas entran a un lugar. Entonces, cada vez que tenía que cantar esas canciones y veía que Mario estaba ahí, no voy a negar que era todo un desafío. Había nervios, respeto y cierta tensión lógica. Pero casi siempre terminaba cantándolas igual.

En 2003 nuestras vidas volvieron a cruzarse de otra manera. Mario dirigía Primera y Séptima Divisiones del Club Juventud Unida, y me convocó para formar parte del cuerpo técnico como preparador físico. Ahí conocí mucho más a fondo a la persona detrás del personaje popular de la calle.

Pero la verdadera historia de “Bajo los palos” empezó muchos años después, en plena pandemia. Durante ese tiempo escribí muchísimas canciones. Fueron días raros, de encierro, recuerdos y emociones mezcladas. Y, sinceramente, creo que la canción que le hice a mi vieja y “Bajo los palos” son las mejores que escribí hasta hoy. Porque las dos nacieron desde un lugar completamente verdadero.

En plena pandemia escribí una tercera canción para una de las hijas de Mario. Recuerdo que un día me lo crucé de casualidad y se lo conté. Y fue ahí cuando entendí que Hipólito Mario también merecía tener una canción propia. Porque, si uno se detenía a escuchar su historia, era imposible no sentirse inspirado.

Mario tuvo una trayectoria impresionante como arquero. En Lincoln jugó en los cuatro clubes de la ciudad: Argentino, Juventud Unida, El Linqueño y Rivadavia. Aunque siempre estuvo identificado especialmente con El Linqueño. También pasó por Costa Brava de General Pico, jugó en Rufino y en General Pinto, tuvo un paso por Quilmes y formó parte de las divisiones inferiores de Independiente de Avellaneda. Incluso, en un partido amistoso, enfrentó nada menos que a Diego Maradona, quien le convirtió dos goles.

Pero, más allá de toda esa carrera, yo quería homenajear a la persona. Por eso nació “Bajo los palos”. Porque sentía que Mario realmente se lo merecía y todavía se lo merece.

Al video lo grabamos una mañana en el club El Linqueño. Y, sinceramente, fue una experiencia grandiosa. Ver al “Negro” otra vez con el uniforme de arquero, parado nuevamente bajo los tres palos, fue algo muy fuerte para mí. Era como volver el tiempo atrás por un rato. Creo que en ese momento entendí definitivamente que la canción había cumplido su objetivo.

De Mario estuve distanciado algún tiempo, como pasa muchas veces en la vida. Pero hay cosas que no cambian. Y hoy, tanto la amistad como la admiración que siento por “King Kong” siguen intactas. Porque hay personas que dejan una marca para siempre. Y esta canción fue mi manera de agradecerle todo lo que representa.

Por Germán Gastón Álvarez