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Joey Ramone: la primera vez que todo cambió

El 15 de abril siempre me pega distinto. No es una fecha más. Es el día en que se fue Joey Ramone, la voz de los Ramones. Y cada año, inevitablemente, vuelvo a 1994.

Yo era pibe. Y esa noche, en la casa de Hernán, en Caseros, algo hizo clic para siempre.

Había armado una especie de fiesta, de esas desprolijas y mágicas, en la que sonaba música todo el tiempo. Afuera, el barrio tenía ese aire medio apagado de los ’90 y adentro empezaban a aparecer los primeros pibes distintos… jeans rotos, camperas de cuero, miradas que parecían decir que no encajaban en ningún lado. Para nosotros, eso ya era algo nuevo.

En un momento, entre tanto ruido y canciones que iban y venían, arrancaron los Ramones. No sé si fue “Blitzkrieg Bop” o “I wanna be sedated”. Tampoco importa. Lo que sí sé es que me atravesó.

Ahí estaba yo, con mi amigo Gustavo, mirándonos en silencio, como entendiendo algo sin decirlo. Esto es otra cosa.

No era solo música; era velocidad, era actitud, era una forma de decir “Acá estamos” sin pedir permiso. Era Joey, con esa voz tan particular, llevándote puesto, sin que te dieras cuenta. Esa noche no salimos siendo los mismos.

Ahí empezamos.

Nuestros primeros pasos musicales fueron con los Ramones sonando de fondo. Aprendiendo acordes, queriendo tocar rápido, queriendo decir algo, aunque no supiéramos bien qué. Había algo en esa simpleza que nos daba libertad. No hacía falta ser virtuoso; hacía falta sentirlo.

El tiempo pasó, como pasa siempre. La vida nos fue llevando por distintos caminos. Seguimos ligados con la música, cada uno a su manera, cada uno con su historia. Pero nunca pudimos hacer algo juntos. Nunca se dio. Y hay algo de eso que con los años se vuelve más melancólico que frustrante.

A veces pienso que todo empezó ahí, en esa noche del ’94 en Caseros. En esa casa, con Hernán pasando música, y nosotros mirando de reojo a esos pibes de cuero y denim como si fueran de otro mundo. Un mundo que, sin saberlo, estábamos empezando a habitar.

Cada 15 de abril lo recuerdo así. No como una figura lejana del rock, sino como alguien que estuvo en ese momento exacto en el que todo empezó a tomar forma. Como si, sin saberlo, nos hubiera empujado a subirnos a este camino del que todavía no nos bajamos. Porque hay músicas que se escuchan y otras que te persiguen toda la vida. Joey fue de esas.

Por Germán Gastón Álvarez.