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Fabián Cataldo: “Me apasiona este laburo que me enseñaron desde chico”

ENTREVISTA. A los 14 años, su padre le inculcó una profesión y valores que mantiene hasta la actualidad. Su empresa, Cataldo Catering, lleva más de dos décadas realizando servicios en fiestas y eventos con dos cualidades distintivas, “la responsabilidad y la buena atención de mis chicos”, según contó.

Cataldo Catering es una empresa linqueña que está a punto de cumplir veinte años llevando su calidad y su buena atención a todo tipo de eventos sociales. Su propietario, creador y cara visible, Fabián, ha logrado, con su hermana Yanina y un enorme equipo de trabajo, instalarse en la región como uno de los servicios para fiestas de referencia. Hoy, en las entrevistas de La Posta, Fabián Cataldo.

¿Toda la vida estuviste vinculado con la gastronomía?

Tengo 58 años. Nací en Buenos Aires, Capital Federal. Nos vinimos a Lincoln cuando tenía 17 años, en 1986. Y, desde entonces, linqueño ya. Terminé la escuela secundaria y ya trabajaba en la terminal de colectivos, de mozo, con Jorge Navarro y Sandro Lobos. A los 14 años mi viejo me había enseñado el laburo de mozo, de gastronómico. Él trabajaba en servicio de catering y, además, era mozo presidencial en Somisa, en la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina, que es una empresa mixta del Estado que tiene la planta en San Nicolás. Y ellos estaban en la oficina en Buenos Aires.

¿Cómo fue ese cambio de llegar a Lincoln?

Terminé la secundaria en el Colegio “Nuestra Señora”. Tenía de compañeros al “Flaco” Germán Yarza, el “Pato” Balberi, “Carlitos” García, Andrea Guerrico, Analía Novillo, “Robertito” Tamame. Y acá fuimos a vivir a lo de mi abuela, al barrio Obrero, casa 48. Después mi papá compró una casa en la calle Chañar (ahora Colón). Y, más tarde, fuimos a la casa donde estamos hoy, desde hace veintidós años, en el barrio Eva Perón, cuando se hizo el Plan Federal.

¿Y en lo laboral?

Estuve en el bar de la terminal de colectivos y después trabajé con “Raviol” (Oscar) Peralta en El Linqueño. Después, a Oscar Damico lo atendía todos los sábados por la noche y él habló con “Raviol” Peralta. Y, sin que yo supiera, ya estaba fichado en Damico Supermercados. Me llamó Oscar Damico para hablar conmigo y, cuando fui a hablar con Oscar Peralta, él ya sabía, así que estuve en Damico. Y, a su vez, los fines de semana trabajaba con Antonio Orío de mozo. Después, cuando Damico cerró la sucursal 1, yo ya tenía la idea de largarme solo y empecé a hacer fiestas. De a poquito, fui comprando vajillas e hice mi servicio. Le alquilaba todo a Adrián Sánchez, la vajilla, todo… Después Adrián dejó y se fue a Neuquén.

¿Cuál fue el primer servicio?

Lo tengo muy presente. La primera fiesta que hicimos fue por los 60 años de Saúl Giaccobe. Hoy debe tener 81, porque yo cumplo veintiún años de servicio. Llegué un día a casa y encontré en el contestador a quien era entonces la pareja de Saúl, que quería que yo le hiciese la fiesta. Yo, en ese momento, hacía cosas muy chiquitas, sin vajilla, y no tenía nada. Y Saúl me pidió que me encargara de todo: del salón, de la torta, de la bebida, de la comida. Que me encargara todo. Por eso tengo el día de cumpleaños, del servicio, el 23 de abril, que es el día de cumpleaños del servicio.

¿Te acordás de quiénes fueron los mozos?

Fueron Miguel Galán, el “Negro” Maldonado, el “Ñoqui” Pereyra, Giraud y Mónica -que es mi sobrina-. Y estábamos mi hermana Yanina, papá y yo en la cocina, con un chico amigo, Roberto. Los chicos eran todos compañeros míos en lo de Orío. Cuando yo me largué solo, venían porque alternaban conmigo. Yo tampoco tenía tantas fiestas al principio.

¿Cómo fue el crecimiento de Cataldo Catering?

Empezó el boca a boca y se trabajó muchísimo. Nunca jamás le pregunté a Saúl cómo cayó a llamarme para que fuera a verlo para hacer los 60 años. Yo hacía lo que se dice ahora “servicio de mozo”. Yanina o yo, a la cocina, dos o tres mozos, y a lo que podía alquilar lo alquilábamos. Y empezamos así. Mi viejo se jubiló, cobró el retroactivo, y nos dijo a mi hermana y a mí: “Esto, cómprenlo en vajilla”. Compramos los primeros platos, porque nosotros alquilábamos todo. A veces Yanina se sentaba, hacíamos los números y ganaba más Adrián Sánchez que nosotros. Cuando empezaba a sacar todo lo que pagábamos de alquiler, nos quedaba poco. Así empezamos, de a poquito. Después compramos unos manteles. Cuando cerró Damico, yo cobré, cobraba todos los meses el fondo de desempleo y lo destiné exclusivamente a comprar manteles, servilletas. Compré las primeras 120 servilletas, los primeros quince manteles. Pedro Porta me dio la dirección para comprar. Y, ya desde entonces, arrancamos con manteles y, después, las copas. Todo así…

¿Ustedes vivían con tu hermana y tu papá?

Vivíamos los tres juntos en casa, papá, Yanina y yo. Y empezamos de a poquito. Se fue edificando la cocina; después se hizo otra cocina más grande para guardar mantelería. En mi casa, en la pieza de Yanina, tenía todas las cajas de manteles. Esas cajas de bananas con los manteles con sus cartelitos de colores. En mi pieza tenía un rincón (porque teníamos la casa, nada más, y no tenía garaje), guardados, los platos y copas para que no se me estropeara nada. Lo cuidaba como oro. Después hicimos la cocina grande atrás, todo el fondo de la casa, y ya empezamos a guardar ahí. Más adelante hicimos a lo largo de la cocina como una galería inmensa, pusimos una estantería donde ya tenemos toda la vajilla, mantelería, platos, todo. Y, aparte, alquilamos un galpón donde tenemos freezers, mesas, sillas, hornos y parrillas, porque se hizo enorme y se te va de las manos.

¿Tenés idea de aproximadamente cuántas fiestas han hecho?

No. Pero tengo todas las carpetas, desde las primeras fiestas hasta hoy. Tengo los biblioratos, todas las fiestas, todos los años. Hay gente que hizo el cumpleaños de quince de la nena más chica, ponele, en el 2015, y busco la carpeta de ese año, le pregunto la fecha y tengo el presupuesto.

¿Te acordás de la vez en que tuviste más eventos?

Hubo muchas en las que teníamos viernes por la noche, sábado por la mañana o la noche y domingo por la mañana. He tenido, incluso, tres fiestas al mismo tiempo, pero porque se me ha escapado algo, alguna fecha o algo. Pero, si no, no. La gente quiere que esté yo en la fiesta. Y, teniendo cuatro o tres fiestas, es muy fácil que esté veinte minutos y me vaya. Además, a veces nos han tocado fiestas en Ameghino, en Roberts y en Martínez de Hoz. Una noche, en tres lugares completamente alejados. La camioneta viajaba yendo y viniendo, dos camionetas yendo y viniendo, buscando cosas, llevando por si hacía falta algo, por trayectos incómodos. Y la más grande fueron los 100 años de la Escuela Normal. Había 1.150 personas en el Club Rivadavia. Se utilizó todo el gimnasio mayor y nosotros íbamos a utilizar el minigimnasio como cocina, pero se vendieron tantas tarjetas, que metimos 150 personas en el minigimnasio. Así que usamos la cocina del club y atrás nos pusieron unas carpas. Esa fue la más grande, de 1.150 personas. Después tenés todos los egresos de 600, 700, 550, 750 personas. Pero la más grande fue de 1.150.

¿Cuánta gente llevaste a trabajar ese día?

Era infernal la cantidad de mozos que habíamos llevado. La cantidad de gente, porque eran parrilleros, cortadores, gente de cocina, gente para la bebida, para atender a los mozos… Habíamos llevado mozos y camareras para que el mozo no tuviese que ir y venir tantas veces, y pudiera dedicarse más a la comida. Las camareras reponían pan, bebida o ensalada.

¿Qué tiene Cataldo Catering que tanta gente lo convoca?

Responsabilidad; soy un enfermo de la responsabilidad. A veces me parece que es demasiado. Me gusta ir a armar el salón un día antes. Si son dos días antes, soy el hombre más feliz del mundo. Tener preparado todo. Y, si yo te digo “Es esto”, quedate tranquilo, que “es esto”. No te voy a andar mintiendo ni te voy a salir con cosas que no son. A la hora de la fiesta, no te vas a encontrar con algo que no es o con que me falta algo. En ese sentido, la responsabilidad. Y lo otro que es distintivo es la buena atención de mis chicos. Me llaman los clientes y me lo hacen saber.

Además, siempre mantenés el mismo plantel de mozos y mozas…

A veces hay chicos que se han ido porque les han salido trabajos y no pudieron seguir, pero después vuelven. Ya saben, cuando se van, que las puertas están abiertas. Cuando hacemos las cenas de fin de año, están invitados todos los que están, pero también los que dejaron porque no pueden. Entiendo que este trabajo es cansador; todos los sábados por la noche, viernes por la noche, dejan sus familias. Mi viejo siempre me decía que el mozo tiene que cobrar antes o durante la noche de la fiesta. Mozos, cocina, parrillero, todos. La persona que va a trabajar y deja la familia un sábado por la noche es porque lo necesita. Si no, se quedaría en su casa. Perdiste un sábado por la noche de estar con tu familia, así que lo más lógico es que vuelva con lo que ganó. Uno no sabe lo que pasa en cada casa. He escuchado a mi viejo que llegaba de trabajar y mi vieja le decía: “¿Cobraste?”… “Y, no, no me pagó, no me pagaron”, le contestaba él. Y ella le decía: “Porque no hay nada acá”. Yo los escuchaba y eso me quedó grabado. Así la fiesta esté paga o no, el mozo tiene que cobrar. El personal tiene que cobrar.

¿Y vos, a tantos años en las fiestas cómo los llevás?

A mí me encanta. El día que no me guste, no lo hago más. A mí me apasiona este laburo que me enseñaron de chico. Me encanta. Un fin de semana que no tengo una fiesta ando perdido, totalmente perdido. Este sábado que viene no tengo fiesta y yo ya hoy tendría que estar saliendo a hacer las compras. El lunes y el martes hago las compras, y ya me siento perdido. A mí, esto me apasiona. Y, si no te gusta un poquito la noche o no te gusta un poquito lo que hacés… La noche es muy cansadora. Te prohibís muchas cosas: cumpleaños, reuniones. Te dicen: “Vengan un ratito”. No, dejá. Yo quiero estar en la fiesta donde tengo un compromiso.

¿En qué momento te diste cuenta de que Cataldo Catering estaba instalado como una marca importante y de referencia, tanto en Lincoln como en la región?

No, no sé si hubo un momento. Sí hubo un momento en el que vi que nos aceptaron bien, que la gente venía y te decía que había estado en una fiesta nuestra y había comido muy bien. Los comentarios, o escuchás y capaz no te das cuenta de que estás haciendo bien las cosas. O cuando te mandan un mensaje los padres o los novios agradeciendo por lo bien que estuvo la comida, la atención… Entonces es ahí cuando decís: “Estamos instalados, estamos bien”.

¿Te gusta acercarte mucho a la gente antes de la fiesta, conocerla, mantener las reuniones que sean necesarias?

Sí. Más allá de que seamos mi hermana y yo, ante la gente a la cara la pongo yo. Me ha pasado una vez que yo me iba de vacaciones y justo teníamos una fiesta, y la pasé muy mal, porque eran las 2:00 de la mañana y yo estaba con el teléfono para ver cómo estaban, qué pasaba. Yo quería estar ahí. La responsabilidad… Yo quiero estar ahí.

Tantas horas juntos de trabajo deben ser generadoras de muchas anécdotas…

A veces nos ponemos con los chicos y las chicas, antes de empezar la fiesta están todos cambiados, y empezamos a acordarnos de cosas. Como una vez que fuimos a Porvenir a una fiesta, volvíamos a las 3:00 de la mañana y se les ocurrió a los chicos parar en un campo a sacar choclos. A las 3:00 de la mañana estaban sacando choclos de un campo. En veinte años, y de noche, todavía más.

¿Y alguna vez tuviste algún problema por algún borracho o algo que haya terminado mal?

Había una época en que renegamos mucho con los chicos en los cumpleaños de quince años por el alcohol, por la barra. Uno a veces habla con los padres de que la barra es medida, y hay padres que quieren que las barras sean libres, y los chicos tienen 15 años. Aparte, es responsabilidad nuestra. Me dejás un pibe en el salón; no sé si el salón tiene responsabilidad. Ponele que sea un club. ¿Quién se va a hacer cargo del pibe? Y nosotros, como servicio de catering, tenemos que cuidarlo. Si llega a pasar algo… En un momento renegamos muchísimo, pero muchísimo, con los pibes… Cuando los brindis también eran de 200, 250 o hasta 300 chicos, han tenido los brindis. Ahora los chicos están más tranquilos, pero también son brindis más chicos, de 50, 60, 20, 30. No hay más de esos tan grandes. Ahora los padres lo entienden. Después de la pandemia se cortó un poco el brindis, eso de 300, 200 chicos. Los padres vienen más preocupados que antes en el sentido de que les pido el alcohol y les digo que vamos a arrancar con la barra a la 1:30 de la mañana. Se les van a dar 20 minutos. Cortamos; otros 20 minutos. Y, si vemos que los chicos son tranquilos, la próxima la alargamos de media hora, cortamos y volvemos, cosa de que los chicos se vayan contentos porque tomaron liviano y los padres también estén tranquilos de que no va a haber ningún disturbio. Es feo que haya un problema de borrachos entre dos chicos que se peleen en el medio de una fiesta, por la que un padre hizo tanto sacrificio para hacer un evento, y un chico te lo arruine…

¿Pensaste qué le podés sumar al servicio o en tener un salón propio?

Me lo han preguntado, pero no. Ya a mi edad no lo veo. Porque yo soy soltero. Si bien estoy en pareja, no tengo nadie detrás de mí que vaya a seguir los pasos. Hoy en día, hacer un salón de fiestas es una inversión grande. Igualmente, antes, cuando nos propusieron hacerlo, no quise especular. Porque vos, cuando sos más grande, ya no querés viajar tanto. Capaz hacés todo lo mismo ahí, pero no. Sí, siempre trato de estar actualizado en lo que se usa más, viendo las tendencias que hay, qué se usa en vajilla, en mantelería, en sillas. Ir viendo y no quedarse. A eso lo vamos viendo mucho.

¿Qué mensaje dejás para Lincoln, para tu gente y para tus clientes?

Agradecimiento a toda la gente. Todos los que han confiado en nosotros en estos veintiún años, que es mucha la gente. A los proveedores que han estado siempre acompañándonos. Y, aparte, al personal. Al personal, siempre un agradecimiento especial por estar siempre con nosotros y hacernos quedar bien. Porque son caras visibles del servicio. Y la mención especial para mi hermana Yanina y para Norma, mi señora y compañera, que están conmigo en todas, siempre al pie del cañón. Y, como te dije anteriormente, siempre las felicitaciones y el agradecimiento a Lincoln, en general. Hemos estado en todos lados, gracias a Dios. Hemos hecho quince años de casamientos, estuvimos en colegios. Hacemos “Notre Dame”, hacemos la Escuela Normal, egresos. Hemos hecho todos los egresos habidos y por haber. Y la verdad es que no nos queda más que agradecer, agradecerle a la gente totalmente que confió en nosotros siempre.