Política

El cierre de año de Axel Kicillof será con un ajuste forzado y un peronismo al borde de la fractura

POLÍTICA. Con una fuerte tensión financiera, el Gobernador bonaerense prioriza salud, seguridad y asistencia social, mientras posterga salarios y fondos a Municipios. En paralelo, se reavivan disputas internas en el justicialismo y emergen fisuras en La Libertad Avanza.

Axel Kicillof atraviesa el final de año más complejo de su carrera política, condicionado por una marcada restricción financiera que obliga a la Provincia de Buenos Aires a transitar un esquema de austeridad extrema, al menos hasta comienzos del 2026.

La falta de autorización definitiva del Gobierno nacional para acceder a un tramo de endeudamiento mantiene al Ejecutivo bonaerense operando al límite, con una estrategia de contención que prioriza únicamente los gastos considerados esenciales.

Desde el entorno del Gobernador reconocen que la situación del Tesoro provincial es crítica. Durante el 2025, la Provincia debió afrontar buena parte de los vencimientos de deuda con recursos corrientes, luego de que la Legislatura —con votos de opositores externos e internos— bloqueara la posibilidad de refinanciar pasivos mediante nuevo endeudamiento. Aunque recientemente se ha aprobado una ley de financiamiento, aún resta el aval final de la Nación, lo que obliga a sostener un plan de contingencia.

En este marco, el Ejecutivo provincial decidió autorizar nuevos gastos solo en áreas sensibles como salud, seguridad y asistencia social. En contrapartida, quedarán postergadas o directamente anuladas otras erogaciones de alto impacto político, entre ellas los aumentos salariales para empleados públicos y la asistencia financiera a los Municipios. Si bien el pago del medio aguinaldo está garantizado, todo indica que no habrá nuevas recomposiciones salariales antes de fin de año, una definición que tensiona la relación con las bases sindicales, pese a la buena sintonía que Kicillof mantiene con las conducciones gremiales.

Desde La Plata confían en que el aval nacional al endeudamiento llegará en los próximos meses, lo que permitiría encarar el 2026 con algo más de aire para sostener obras, salarios y políticas públicas clave. Sin embargo, reconocen que, aun con ese alivio, el margen de maniobra seguirá siendo acotado.

Mientras tanto, la frágil unidad del peronismo bonaerense comienza a resquebrajarse. Tras la aprobación del financiamiento, se han reactivado disputas internas que estaban en pausa durante el proceso electoral. Dos frentes concentran la tensión: la pelea por la vicepresidencia primera del Senado provincial y la conducción del Partido Justicialista bonaerense, cuyo mandato actual vencerá a fin de mes.

En el Senado, el cargo en disputa es estratégico, ya que puede definir el control de la agenda legislativa ante cualquier eventual ausencia de la vicegobernadora Verónica Magario. El sillón hoy ocupado por Luis Vivona, alineado con el cristinismo, es reclamado por ese sector para mantener el equilibrio de poder, mientras que el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), cercano a Kicillof, impulsa un recambio que refuerce la influencia del Gobernador en la Cámara Alta.

La interna también se traslada al PJ provincial. Con el fin del mandato de Máximo Kirchner como presidente, el kicillofismo promueve una “democratización” del partido, ya sea a través de internas como de una lista de unidad con capacidad de veto en la negociación. Aunque Kicillof no se involucrará de forma directa, sus delegados buscarán ampliar el margen de decisión del Gobernador dentro de la estructura partidaria, una postura que reaviva viejas tensiones con La Cámpora.

Incluso La Libertad Avanza, pese al contundente triunfo electoral de octubre, muestra señales de fisura. Las salidas de concejalas en Distritos clave y los cruces internos por la selección de candidatos han reabierto cuestionamientos a la conducción territorial del espacio. A esto se suma el deterioro del vínculo con el PRO, profundizado por disputas legislativas y movimientos tácticos en la provincia.

Así, el fin de año encuentra a Kicillof navegando entre la urgencia económica y un escenario político cada vez más fragmentado, con un oficialismo provincial obligado a administrar la escasez mientras el mapa de alianzas y conflictos vuelve a reconfigurarse.