Diego Videla: “En Lincoln estoy relegado; debe ser por mi forma de pensar, de decir, de no callarme la boca”
ENTREVISTA. El trovador uruguayo, radicado hace más de 50 años en el Distrito, repasó su vida, sus años en su país de origen, su familia y su extensa trayectoria musical. “Logré muchas satisfacciones, en festivales, por haber ganado, por haber estado en Buenos Aires cantando, en la televisión. Logré muchísimas cosas que están atesoradas en mí”, contó.
En 1974, una familia uruguaya, huyendo de la crisis del país hermano, recaló en Argentina. Y no sólo eso. Se afincó en Roberts. Los Videla trajeron trabajo y también mucho talento. Uno de ellos, el hijo menor, es Diego Videla, radicado en Lincoln, quien ha andado con su voz en un sinfín de escenarios, llevando el folklore y el tango a todos los rincones. Hoy, en las entrevistas de La Posta, el trovador uruguayo.
¿Cómo fueron tu infancia y tus primeros años?
Yo nací en Florida, que es la capital de Montevideo. Muy orgullosamente lo digo porque fue donde se declaró la independencia, en Florida, en un lugar precioso, muy bonito, que hoy en día es el barrio La Piedra Alta. Precisamente el puente de la entrada, antiguamente, estaba sostenido y está sostenido. Quedó como una entrada antigua, sobre una piedra gigante. Mi padre era panadero, mi madre era ama de casa, y somos cinco hermanos varones y una mujer. Estuve hasta los 18 años en Uruguay. Ya vine hecho un hombrecito para esa época. Y fue algo muy bonito todo eso, porque siempre estoy arraigado a esas cosas, porque fue donde me nutrí como cantorcito. Mi casa, mi familia, el seno de mi hogar, tanto mi mamá como mi papá… Fue todo muy cultural. Las hermanas de mi mamá, excelentes cantoras. Tanas, ellas. Y, por la parte de mi padre, muy cultos, porque mi abuelo fue tipógrafo y tocó el mandolín. Después, un artista de relieve, como fue un hermano de mi papá, dibujante, y el otro, un excelente músico de primera agua. Mi padre fue un tipo laburador. En esos años se levantaba a las 2:00 de la mañana; no había mucha maquinaria en esos días. Fue panadero y era un personaje muy querido, muy distinguido. A lo que elaboraba artesanalmente lo salía a vender de a pie o en bicicleta en la calle. Pero, a su vez, tenía mucho conocimiento sobre la poesía. Fue un tipo muy instruido, tanto en lo laboral como culturalmente en la parte de la poesía. Él seguía mucho a los payadores, cosas que yo después aprendí de él: a escuchar todas esas clases de música, aparte de lo tradicional. Y era muy buen decidor, muy buen improvisador en familia. Decía cosas muy bonitas. Sabía lo que había echado a la tierra sobre su familia, sobre sus hijos. Y nos remarcaba en cada reunión, con octavas o décimas, cómo era cada uno de nosotros. Y mi mamá, excelente cantora: oído absoluto tenía. Cada vez que nos reuníamos con guitarrita de por medio, pasaba detrás de nosotros y nos remarcaba la afinación. Cuando sos joven, es medio tedioso. ¡Pero cuánta verdad, cuánta razón tenía! Cosa que yo fui puliendo, porque a mí me costó mucho ser afinado, porque yo heredé mucho más de mi papá, la desafinación, que la afinación de mi mamá. En cambio, tengo los otros hermanos que eran muy afinados para cantar las voces, muy enteras. Pero ellos, como eran mayores y yo soy el más chico de los varones, todos trabajaban. El que se destacó más de ellos fue mi hermano Ramón. Es una voz muy agradable, una voz muy querida por el ambiente folclórico. Excelente cantor melódico, también…
¿Sentís que el pueblo uruguayo tiene una cuestión más cultural que el argentino?
Es muy cuidadoso el uruguayo de su cultura. Yo hace siete u ocho años volví a mi tierra y me llené de sus sabores, de sus aromas, de sus olores, con el solo hecho de poder caminar por las calles donde nací. Y está casi igual todo; no ha cambiado mucho. A pesar de que han hecho algunos edificios, sigue con sus mismos sabores y con su misma esencia. Es muy gratificante. Y el uruguayo, de por sí, tanto como para el fútbol también… De hecho, lo han apodado “fútbol charrúa” por ser aguerrido y querer mucho a su patria de esa manera, y de otras también. Siendo un país tan chiquito, hubo gente muy destacada, tanto en el fútbol como en la cultura de la poesía y de cantantes que literalmente fueron unos fenómenos. Éramos 2 millones cuando yo me vine, casi 51 años atrás. Yo había cumplido 14 o 15 años y salía en la murga, que es muy tradicional. Hoy por hoy es conocido, pero, cuando yo vine, no era conocida en la murga. Siempre fue de mucho canto, porque, más que nada, se usaba para denunciar lo que pasaba en el país o algún caso en particular. La murga recopilaba lo que pasaba durante el año. Había gente que se dedicaba a escribir, directores, escritores. Se dedican a denunciar, a manifestar todo lo transcurrido. Y la murga lo refleja en carnaval. La Vascongada se llamaba. Era del barrio, de la Piedra Alta.
¿Cómo se produjo tu venida a Lincoln?
Fue una cadena. Primero vino un cuñado de mi hermano Ramón, un excelente jugador de fútbol que vino a trabajar a la fábrica de Mendizábal, y después vino mi hermano Ramón con su señora y sus hijos. Él se afincó, le gustó, porque Uruguay estaba pasando un proceso con pobreza franciscana. Mi padre tuvo panadería y se fundió trabajando porque era un buen tipo, un tipo bonachón que salía con la mercadería. Él la elaboraba artesanalmente y ayudaba a mucha gente. Y se volvía sin la mercadería y sin dinero. Pasaba eso en Uruguay. De hecho, el uruguayo de por sí es muy unido, por eso es que sobresale en varias cosas. Entonces se vino mi papá solo en busca de nuevos horizontes. Nosotros nos quedamos allá con la vieja. Mi hermano José siguió con la panadería. A mi viejo le gustó en esos días; estaba muy rica la Argentina en cuanto a lo laboral, porque lo que ganaba un empleado, tanto de panadería como de otra clase de trabajo, estaba bien remunerado. Entonces se remató todo allá y nos vinimos a Roberts papá, mamá, José y yo. Ramón ya estaba acá, así que vinimos cuatro. Y allá habían quedado una hermana que ya estaba casada y tenía su familia, y los dos hermanos mayores, que eran mellizos, que son muy buenos deportistas y muy buenos cantantes. Cuando llegamos a Roberts, yo tenía casi 18 años. Cuando vinimos a Lincoln con papá, él fue un tipo muy caminante. No se quedaba quieto; vino a trabajar aquí, en su principio, a hacer changas a la panadería Moreno. En esos días vivían Nelson Moreno y la señora, que se portaron muy bien con todos nosotros, con mi vieja, conmigo, con mi hermano… Nos dieron guarida, nos dieron casa y laburo. Nosotros salimos de Uruguay a fines de 1974 y a Lincoln llegamos en 1975 para hacer la temporada del pan dulce.
¿Ahí ya directamente te radicaste en Lincoln?
Lo mío fue muy de trotamundos, nómade… Cuando empecé a sentir el gustito, porque estábamos en la Argentina siempre con la ambición de querer ser un cantorcito conocido, esas ilusiones que uno tiene, que por fortuna muchas cosas logré… Estábamos en la tierra esta, tan linda, tan bendita, que les daba oportunidades a muchos, y estaba en uno saber aprovechar todas esas instancias. Yo me fui, dejé a mis padres, me iba a otras ciudades a trabajar y a agarrar la guitarrita. No sabía mucho, pero me gustaba cantar, así que pulí muchas cosas, tanto en lo laboral como en la parte artística.
¿De qué has trabajado?
Panadería. Después, he hecho muchas cosas. Dijo un turco amigo: “He trabajado poco, y bien arrepentido que estoy”. Pero de todo, tanto de peón de albañil como de oficial de albañil; en panadería; descargando camiones de leña, de piedra, de portland. He hecho un sinfín de trabajos. Trabajé muchos años de mozo. Cuando volví a Roberts, trabajé casi ocho años de mozo y aprendí mucho. Después trabajé mucho en la zona, también de mozo. Me iban a buscar para cenas y esas cosas, algo que antes se usaba mucho. Y después trabajé en una empresa muy grande acá, Nidera. Trabajé en el galpón, porque un muchacho amigo me había conseguido trabajo ahí. También (y lo pasé por alto) tengo una familia que está en Roberts. Tuve trece años de matrimonio en los cuales tuve tres hijos. Muy orgulloso de ellos. Después pegué el salto para Lincoln, con un divorcio de por medio.

¿Cómo empezaste a construir tu camino dentro de la música?
Me remonto a aquellos años en Uruguay, cuando la música extranjera había empezado a entrar. Entonces yo no tenía una estabilidad segura de qué era lo que quería. Cuando me vine, lo hice con dos o tres tonos, e incursionaba en el folclore. Después fui hurgueteando un poco de acá y de allá, y, cuando le sentí el gustito al folclore, a la música melódica (no tanto lo tropical), al tango… En el tango empecé a incursionar a los 37 años. Ya habían pasado veinte o veintiún años de estar aquí, en Argentina. Y, gracias a mi ambición de querer pulir eso, siempre me costeé por gente que sabía mucho, tanto en la parte musical y de canto como en la parte de la vida. Después de la desaparición de mi papá y de mi mamá, me tiré para el lado, para una persona que yo adoré muchísimo, y me dolió mucho su pérdida, que fue Omar Orellano. Julio Banegas, también… Son personas que me ayudaron muchísimo, tanto en la vida por sus consejos, por sus conversaciones… Quemábamos horas, horas y horas, tanto con Julio como con Omar Orellano, y corrigiendo la parte que me gustaba, que era cantar con el “Negro” Omar.
¿Y la guitarra?
¡No! Fui un honesto ladrón con la guitarra. Sé acompañarme. Pero lo que por fin pude lograr fue un estilo de canto, que era cuando todavía se podía contar con músicos. Hoy, lamentablemente, no lo puedo hacer por un montón de cosas que después se conjugaron conmigo, de una forma equivocada, en la parte artística. Pero sí: los músicos estaban muy ocupados siempre. Por fortuna. Entonces yo traía músicos de Junín cuando se podía. Había un presupuesto. Hoy está todo recontra avasallado. Pero hay excelentes músicos jóvenes. Yo aplaudo porque creí que no iba a pasar eso con la movida, de toda clase de música, desde el rock hasta el tango. Hay una fusión estupenda. Pero de esa manera fui puliéndome, y sigo escuchando. Hoy ya no estoy muy en vigencia y, por una cuestión de presupuesto, ando como andan varios, con la computadora, en la que llevás la música debajo del brazo. No me gusta mucho, pero debido los presupuestos, si uno no puede ayudar al músico, si no le puede pagar… Mucha gente depende del Municipio, no solamente cantores o artistas. En su momento trabajé mucho con el Municipio y estoy muy agradecido. Pero hoy en día no. Tuve dos entrevistas con el intendente de hoy, ya hace varios años, y me dijo que sí, que me iba a llamar. De hecho, llevé currículum, montones de cosas. Porque yo, dentro de todo, a este caminito que he forjado gracias a la ayuda de la persona que nombré, del lugar de donde vengo, tuve la inmensa fortuna de conocer a mucha gente, pero mucha gente, y gente buena, gente sana, como los chicos, Los Sin Rumbo. De aquellos años, tuve la fortuna de poder cantar con ellos. Llegamos a Cosquín. Después, con mi hermano Ramón, con el que formé el dúo Los del Amanecer, también ganamos festivales que parecían impensados. Después seguí cantando solo y gané muchos festivales; son las cosas que me fueron puliendo, por ser muy observador. Después, con Ernesto González, el “Paisano”, formamos dúo y tuvimos la suerte de volver a ir a Cosquín. Después, por un caprichito que se me ocurrió porque me gusta el tango, me preparé para cantar tango. Y tuve la fortuna de poder llamar a dos excelentes músicos y grandes personas, como “Cacho” Cler y Martín Beloso. Le llevé la inquietud a “Cacho” Cler, le gustó la idea y fuimos a Junín. Yo, para esto, ya había ganado un festival nacional de tango en Junín. Tuvimos la fortuna de ganar el Pre-Cosquín y después tuvimos tres o cuatro reuniones, todo a pulmón. Organicé una cena, la gente me apoyó, el pueblo me apoyó. Por fortuna, con eso estoy muy agradecido. Llegamos bien preparaditos a Cosquín, ya por tercera vez, y no nos fue tan mal, porque para la gente esa noche habíamos pasado. Pero hay un jurado de por medio. En definitiva, cantás para ellos. Esos son los sinsabores que te da este camino.
¿Haber ganado un festival nacional de tango te dio otro empujón?
Un poquito más de autoridad, sí. Pero en Lincoln me sentí relegado. Sigo relegado. Sin enojo ninguno, porque ser como un director técnico de fútbol: cada cual lleva su equipo, tiene un ayudante, pide a fulano de tal, cómo juega, y lo llaman. A mí no me llaman. Y yo no lo justifico: creo que hay otras cosas de por medio. Debe ser por mi forma de pensar, de decir, de no callarme la boca…
¿Cómo fue la experiencia, aunque lo habías hecho durante casi toda tu vida, de cantar con tu hermano?
Ah, eso fue muy sabroso… Sí, mi hermano era muy exigente. Había heredado el oído de mi mamá, así que a mí me pegaba; verbalmente, me pegaba. Yo era el que tenía que remarcar la segunda voz para que él tuviera firmeza para colocar la de él, la primera. Fue muy rico todo eso, porque también avasallamos muchos festivales, creyendo que ese era el camino de poder llegar a un reconocimiento. Y justamente eran esos los reconocimientos: los mismos festivales. Pero no de cierta gente a la que realmente tendría que haberle interesado. Pero fue todo una gran satisfacción propia. Ramón es un excelente intérprete, una voz muy melodiosa, muy dulce, muy buen cantor, muy buena persona, también. Y no porque sea mi hermano; tiene, también, millones de conocidos, que es lo que te marca este camino.
¿Sentís que es muy importante rodearse bien, de buenos amigos, para el crecimiento como artista?
Si vos no tenés buenas amistades y no conocés gente, no llegás ni al público ni a nadie, ni a comisiones de clubes, ni a hacer espectáculos. Yo fui un tipo que hizo mucho por la cultura, porque organizaba cenas y hacía espectáculos. Mi hermano fue otro pionero de eso. Pero todo eso se perdió. Y él quedó también relegado en su momento. Y ahora, que ya tiene cierta edad, está medio enfermo y no puede cantar más. Pienso yo que no debe querer, porque ya ha tenido tantos sinsabores, que se alejó. Hace como veinticinco o treinta años que no canta.

¿Pensaste en volverte a vivir a Uruguay en algún momento?
A vivir, sí. Lo pensé en su momento. Cuando recién partís, cuando vos te sentís desarraigado, que tenés que dejar un montón de cosas, amistades, muchas, con novia… Yo sufrí mucho la inquietud de mi papá, esa búsqueda de nuevos horizontes. Sufrí muchísimo. Estuve como tres o cuatro meses llorando todos los días, extrañando, y quería volver. Después se te va disipando de a poco todo eso. Pero a la inquietud siempre la tuve. Ahora, ya de grande, ¿qué sé yo…? Tengo otros sabores, tengo otra inquietud. En fin, ya no logré lo que quería. Sí logré muchas satisfacciones, en su momento, de festivales y todo eso, de haber ganado, de haber estado en Buenos Aires cantando, en la televisión. Logré muchísimas cosas que están atesoradas en mí. Hasta he guardado todos los papelitos, los recortes. Pero, con la cuestión de las mudadas, de ser tan nómade, se perdieron montones de cosas en el camino. Pero las tengo atesoradas en mí, y los que me conocen saben dónde estuve.
¿Cómo es tu vida hoy?
Estoy jubilado. Artísticamente, no te puedo decir nada más que, cuando hay alguna peña en la que se acuerdan, me llaman. Paso momentos gratos, inolvidables, momentos únicos. Me divierto con eso, hago lo que me gusta, canto para mis amigos, siempre en rueda de pocos… Porque me gusta que me escuchen. Una cosa en la que fui medio quisquilloso, ya que uno siempre derrocha expresión, y aprendió a poner un poco de calidad y todas esas cosas, que les regalás a los amigos. Y te hacés un regalo a vos mismo, porque estás con amigos y la pasás bien. Pero yo, artísticamente, ya hace varios años que quedé relegado. Estoy tranquilo en cuanto a mi vida: hoy estoy solo. No vivo como quiero, como me gustaría, pero vivo. Tengo paz mental, tengo paz interior, tengo muy buena relación con mi familia. Voy a visitarlos; ellos siguen viviendo en Roberts. Mis nietos viven en Roberts, y voy cada mes y medio, cada dos meses, cuando no se me rompe el autito que tengo.
¿Te gustaría volver a cantar, volver a ser tenido en cuenta?
Yo ya lo asumí. Ya la parte artística mía acá… Ya la asumí. Simplemente aquella institución, aquella persona que necesite de mis servicios, obviamente hoy voy con la computadora a hacer la presentación. Pero que siga contando conmigo, porque yo fui una persona que colaboró muchísimo con todas las instituciones, tanto en las de Roberts como en las de Lincoln y en otros lugares también, y siempre me han tratado muy bien.
