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Corazón de Trapo, muñecas hechas a mano con alma, identidad y ternura

EMPRENDIMIENTO. Gabriela y Marisa Hernández transformaron la costura artesanal en un proyecto sensible y creativo. En su taller, ubicado en la calle Martín Irigoyen 724, les dan vida a muñecas únicas que combinan juego, apego y emoción.

Con las manos, el corazón y una profunda conexión con lo artesanal, Gabriela y Marisa Hernández crearon Corazón de Trapo, un emprendimiento local que, desde hace dos años, les da vida a muñecas de tela pensadas para acompañar, jugar y emocionar.

En diálogo con La Posta, las hermanas compartieron cómo había nacido el proyecto, su proceso creativo y el significado que tiene para ellas cada muñeca que sale de su taller.

“Hace aproximadamente dos años nos surgió la idea de hacer algo con las manos”, cuentan. Así comenzó un camino de búsqueda, pruebas y errores: patrones, telas, costuras y mucha paciencia. “Las primeras muñecas dejaban bastante que desear, pero con el tiempo las fuimos mejorando, hasta llegar a lo que hacemos hoy”, explican.

El proceso de creación es completamente artesanal e incluye selección de telas, marcado, corte, costura, relleno y armado. Pero hay una etapa que, según Marisa, es la más especial. “Darles el alma. Cuando le hacemos el rostro, la expresión, la identidad, ahí cada muñequita se vuelve única”, asegura. No hay dos iguales. De hecho, hoy ya no usan plantillas: cada carita se dibuja a mano, directamente sobre la tela.

Corazón de Trapo trabaja con tres líneas de muñecas pensadas para distintas edades y usos. La línea Amalia, la más pequeña, es ideal como muñeca de apego para bebés, confeccionada con telas de algodón suaves, sin piezas peligrosas. Por otro lado, está la línea Tercita, la mediana, creada en honor a una familiar que impulsó la idea de muñecas diversas, de distintos colores y estilos. Y la línea Oti, la más grande, con ropa interior, medias, zapatitos y prendas intercambiables, cuyo nombre nace de Octavia, la primera nena que recibió una de estas muñecas.

“Cada muñeca es como parir un bebé”, dicen, entre risas, pero con una convicción profunda. “Hay mucho de nosotras en cada una, y a eso la gente lo nota”, manifiestan.

Las creadoras destacan que el proyecto tiene también una dimensión personal y espiritual. Ambas crecieron rodeadas de tejidos, costuras, abuelas y madres que hicieron del trabajo manual un lenguaje cotidiano. “Es un saber que nos habita, que no sabemos bien de dónde viene, pero aparece”, reflexiona Marisa, docente jubilada y ex maestra jardinera, quien siempre creó sus propios títeres y muñecos.

Desde que el emprendimiento salió al público, han participado en ferias locales como la del 19 de julio en la plaza y la de emprendedores Expo Navidad, en la que la respuesta fue inmediata: curiosidad, emoción, y reconocimiento al trabajo artesanal y la prolijidad.

Actualmente trabajan solas, cuidando cada detalle. “Es algo muy personal, muy nuestro”, aseguran, aunque no descartan sumar ayuda en el futuro para tareas como las redes sociales y la difusión. Sus objetivos son crecer de a poco, darse a conocer más allá de Lincoln y seguir disfrutando del proceso creativo. “Se nos pasa el tiempo, es casi meditativo. Nos baila el alma”, subrayan.

Corazón de Trapo funciona en la calle Martín Irigoyen 724, en el fondo de la lanería familiar, donde montaron un pequeño showroom. También pueden encontrarse en Instagram (@corazondetrapo), bajo el lema que las define: “Muñecas con encanto para crear historias, emociones y aventuras”.

Antes de despedirse, les dejan un mensaje a quienes sueñan con emprender. “Si tenés el corazón puesto en lo artesanal, animate. Hacelo por amor y por placer. Después las ventas llegan solas. Emprender también es animarse”, afirman. Porque, como ellas mismas dicen, Corazón de Trapo es eso: poner el corazón en un pedacito de tela y convertirlo en magia.