“Al protagonismo te lo da el grupo; me han ido obligando a ciertas cosas y a muchas las hice yo para motivarlos”
ENTREVISTA. El director de Masturbanda, Adrián Aued, hizo un recorrido por la historia de la batucada de mayor vigencia en el carnaval de Lincoln. También repasó su vida en el barrio, y su labor como entrenador de básquet y preparador físico de fútbol. “La ‘Mastur’ siempre está y te regala muchas cosas lindas”, destacó.
Adrián Aued es uno de los personajes característicos del carnaval de Lincoln. Siendo director de Masturbanda, ha realizado las “proezas” más increíbles, desde subir a un techo para dirigir hasta desfilar por la avenida Massey arriba de un camello. Hoy, en las entrevistas del semanario La Posta, el “Turco” Aued, una “locura marca registrada”.
¿Siempre viviste en el mismo barrio?
Nací acá, siempre en el barrio de la Güemes, y tengo la suerte de vivir en la casa que era de mis abuelos, a la que pude adquirir, y prácticamente me crie acá. Después viví, por la misma vereda, a la altura del 425, que es donde hoy todavía vive mi mamá. Así que soy nacido y criado en el barrio de la Güemes. Un barrio que ha cambiado muchísimo, en todo. En la afluencia de viviendas… Todos sabemos lo que es el tránsito hoy. Cuando yo era chiquito, en la cuadra habría dos autos. Muchas casas no tenían garajes. Y se ha poblado. Hasta hace poco, acá al lado había un terreno que inclusive era de mi abuelo. A la vuelta había un terreno baldío donde jugábamos a San Juan y San Pedro, donde hacíamos pista de bicicletas, donde teníamos una canchita para patear. Y ahora, obviamente, ha crecido muchísimo y ha cambiado mucho. Y también en la cantidad de chicos que había. Inclusive, teníamos un equipo de fútbol. Algunos jugábamos al básquet juntos. Estaban Martín y Guillermo Fernández; Gabriel Decillo, pegado a mi casa; “Alvarito” Aiub, enfrente; Luis Arribalzaga, con sus dos hermanas, Verónica y Fernanda. También estaba Fabián Giaccobe, cuyo abuelo vivía pegado a mi casa. Nos juntábamos con los de la vuelta, de la Martín Irigoyen, donde estaban Marcelo Monteleone, Joaquín Fernández, Pablo Bottega (en la Güemes). Desde muy, muy chiquito, puede haber caído a lo de su abuela Federico Pollio, que era enfrente. Y, en la otra cuadra, los Barbieri, Gabriel y Luciano; los Ferretti; los “Cape”… Así que nos juntábamos y sí, era grande.
¿Desde chico sabías que ibas a ser profesor de Educación Física?
Yo hice la Escuela Normal desde el jardín hasta que me recibí del secundario, y después en el Instituto de Educación Física de “Nuestra Señora”. Tuve una vaga idea de poder estudiar kinesiología. De hecho, después de recibido, hice el curso de ingreso. Pero en ese momento yo me considero un tipo muy apasionado, y estaba yo en el último año de secundario y participaba de la Primera División del club El Linqueño. Habíamos logrado un ascenso. Me gustaban mucho los deportes y fue ahí cuando un poco me impulsó la carrera deportiva a decir: “Me quedo y hago una carrera que me gusta, porque me gustan todos los deportes”. Y de esa forma, en el año ’94, comencé el profesorado de Educación Física.
Y, en cuanto a la práctica de deportes, ¿jugaste solamente al básquet?
Jugué al básquet siempre en El Linqueño o en Ciudad de Lincoln. Desde chiquito, en un momento, nosotros éramos de seguir mucho al “profe” que era “Papón” Freston. Y él se fue a CAVUL y, poquito tiempo después, yo me pasé. Ahí también jugué en la categoría de 12 años. Hice fútbol también. Me llevaron, porque tenía amigos que jugaban en El Linqueño, y estaba Reginaldo Martínez. Llegó un momento en el que se hacían los encuentros de Corral de Bustos y se ve que Reginaldo me había visto algo como delantero, tipo de “9”. Tenía 11 o 12 años, y me quiso llevar, pero yo le dije que justo ese sábado jugábamos al básquet. Entonces me dijo: “Bueno, querido, te vas a tener que decidir por el básquet o por el fútbol”. Ahí consideré que tenía más condiciones para jugar al básquet. Mi viejo era entrenador de básquet, fue formador durante mucho tiempo, y eso también me tiraba, así que me incliné por el básquet.

También, a raíz del básquet, entra en tu vida Masturbanda…
¡Claro! Yo era chiquito, todavía en el año ‘90, cuando empieza Masturbanda con el grupo de Gastón Carra. Gastón me lleva diez años de diferencia. Estaban él, un primo de mi mamá, Gabriel Biffi, los Porta, creo que “Guille” González, una banda de amigos más grandes que salían disfrazados en colaless… Y al otro año nosotros jugamos una final contra Ciclista y nos fue a alentar parte de la hinchada. Es historia conocida que estábamos entrenando y, en vez de entrenar, nos pusimos a tocar, porque habían dejado ahí los instrumentos de Marcelo Cuello, que nos había ido a alentar. Y a Gastón le gustaba mucho, al “Indio” Gauna, al “Toco” Bajo en su momento. Y decidimos hacerlo justito en la entrada del verano, como para pagar una deuda que tenía el club El Linqueño con la Asociación Juninense de Básquet. Y así nació Masturbanda. Al principio, éramos pocos. Gastón tenía amistad con la gente de Astros, que justito se había disuelto. Entonces se sumaron “Guille” Gómez, “Carlitos” Cuello, “Carlitos” Tripode, el “Mono” La Gioia, Arturo Méndez, Carlos Guezamburu, que también trajo los instrumentos. Por ahí se me olvida alguno más, pero los de papel protagónico eran esos que se sumaron a nosotros. E hicimos Masturbanda.
¿Vos antes habías participado alguna vez de una batucada?
Sí, claro. Antes, de muy chiquito, había participado de Carioca Samba Show, con Darío Eletto. Estaban los “Cape”, que eran del barrio. Creo que también ha estado Luciano Barbieri. Me acuerdo de un chico de Larriaga, de “Canario” Holzman, el “Guli” Leva. Todos esos eran compañeros de Carioca. Muchos de esos chicos vinieron a Masturbanda y después nosotros nos fuimos a Bariloche, de viaje de egresados, y llevamos los instrumentos. Y se habían sumado Hernán Bustos, Germán Regalini, Julián Podestá, Gastón Bergameschino en algún momento, todos mis compañeros de secundario… Después, otro grupo que se sumó fueron los compañeros de la escuela de mi hermano “Leo”, que son dos años más chicos que nosotros, y ahí empezó a aparecer “Danielito” Scarpelli, “Chiquito”, que había tenido un paso breve por un corso infantil con la “Mister”. Y justamente todos esos chicos, los que formaron Misterbanda, eran chiquitos que iban a vernos ensayar en el club. Porque la mayoría vivía ahí. Gonzalo Sánchez, Santiago Murialdo, “Nico” Damico vivía enfrente de donde ensayábamos. Daniel Scarpelli vivía a la vuelta; “Carlitos” Colombi vivía en la esquina… Y así se empezó a formar Misterbanda. Y creo que ellos eligieron el nombre de “Mister” porque era un juego de palabras con “Mastur”-“Mister”.
Y, a través del tiempo, cuando se hicieron grandes, la “Mastur” y la “Mister” empezaron a tener competencia…
Yo nunca lo tomo como competencia. Nosotros a eso lo tomamos como si fuera, digamos, un pariente nuestro. Porque, aparte, muchos de ellos han venido a tocar con nosotros. Verdaderamente no lo veo como competencia. Por ahí que el carnaval de este tiempo lo amerite, pero no lo veo como competencia… Sé que ha cambiado mucho, pero tengo mi mayor relación con los creadores. Con “Nico” Damico estuve para Navidad y él es cuñado de un chico que toca con nosotros en Masturbanda. Y lo invité a tocar, y han venido muchos de los más viejos de la “Mister” a tocar en la “Mastur”. Masturbanda ha tenido la suerte de poder perdurar en el tiempo, porque empezamos a nombrar varias cosas. La “Mister” tuvo un impasse grande, no sé de cuántos años, pero estuvo varios años sin participar del carnaval. Es como que se había desarmado y después se volvió a armar. Con Tamandaré y Fénix pasó lo mismo. Y ahora volvió a estar. Y la Masturbanda ha tenido la suerte de poder perdurar en el tiempo.
¿En qué pensás que se explica esa vigencia?
Uno de los conceptos que me parecen más importantes es la esencia de grupo, la esencia de familia. Y otro muy importante (no sé cómo se manejan otras) es que la Masturbanda nunca fue de nadie. A mí, vos me decís: “Sí, yo veo. Dirijo, pero no tomo ninguna decisión”. Tomo decisiones, pero la comparsa no es mía, ni es de Pedro Basterreix, ni es de mi hermano, ni de “Boliche” San Martín, ni de “Jorgito”, ni de los Holzman… Te puedo nombrar miles. No es de nadie. Y supimos cómo llevarlo sin que sea de nadie. Yo, hace dos años, cuando salimos de indigentes, no quería entrar. Yo no iba a entrar. Y en una reunión general con chicas que bailan y demás decidieron que sí, que querían salir, porque querían seguir disfrutando del carnaval. Y yo tuve que acatar la decisión de la mayoría. Con esto te digo que no es que uno decide. Eso es fundamental.
Algo que ha marcado siempre a Masturbanda es la elección del motivo. Hay algunas que quedaron en el recuerdo, como aquellas remeras de los ’90 de Marlboro y la de Quilmes. ¿De dónde surge la temática de cada año?
La de los Indios Chapaleufú, como la de polo, fue una remera que estaba muy buena y todavía la tiene mucha gente que no tocó en Masturbanda, pero la quiso comprar. Pero la elección del motivo es espontánea. Salen ideas así porque sí; no es que las estamos pensando ya en julio, no. Charlamos para ver con qué vamos. Ahora salió este año Masturchef por el programa Masterchef. Y a veces buscamos motivos que tengan que ver con la economía del momento y con la posibilidad, o con lo que te puede llegar a brindar el carnaval como recurso económico. Entonces estamos abocados a eso de abaratar cosas y demás. Pero es espontáneo y hubo temas en los que la mayoría (te soy sincero) se me ha ocurrido a mí. Por ejemplo, al del año pasado me lo tiró el “Pitu” Rocha, y me gustó la idea y encaminamos ahí. Una vez dijimos: “Vamos de egipcios”. Y fuimos. Y a lo del camello ni lo habíamos pensado. Si te dijera que en octubre dijimos que íbamos a ir de egipcios porque después en febrero íbamos a poder traer un camello, es mentira. Tocábamos un sábado y fuimos a buscarlo el mismo sábado. Terminamos de acordar con el zoológico de Luján el mismo sábado y pensamos en traerlo, porque teníamos como regla siempre, alguna noche, más allá de ir con cierto motivo, salir disfrazados. Entonces, después, a ese disfraz lo acordábamos o lo hacíamos en base a qué motivo habíamos elegido. Entonces, cuando fuimos de egipcios, salimos disfrazados de momia y ese fue el día en que llegó el camello. Y así se van sucediendo las cosas…

¿Cuáles son los motivos que más recordás?
Han sido muchos y todos han tenido alguna esencia diferente. Alguna vez hemos salido disfrazados con toallones (andan fotos por ahí). Íbamos con salida de baño. El de bebé estuvo bueno. Habíamos salido con la remera de Quilmes y todos con pañales de adultos, y me acuerdo de que los que tocaban la cajita la ponían en el suelo y gateaban. Tocaban e iban gateando. Fuimos de gauchos, bailábamos la chacarera, íbamos haciendo un lechón atrás… El camello (en realidad, era un dromedario), con el que se dio justo ese motivo y quedó bárbaro, porque fuimos de momia… Yo, vestido de árabe arriba del camello, arriando momias…
¿Les trajo algún problema haber traído el camello?
En ese momento, no, ningún tipo de problema, porque inclusive estaba con reglamentos para poder participar de espectáculos. Cuando lo trajimos en el 2011, el mismo dromedario, que era una hembra y se llamaba “Sol”, había estado una semana antes en los estudios de Telefe en un programa de Tinelli. Aparte, vino en un camión especial y con dos cuidadores. No era traer un camello del desierto y ponerlo acá. Y, de hecho, el camello pasó desfilando como un señor. Lo único que falló fue que el camellero le ordenaba que se agachara y no lo hizo, porque quisimos agacharlo para que subiera la reina, que en ese momento era la postulante de Masturbanda (creo que era Mercedes Venero). Igual subió conmigo, y fuimos desde el palco hasta el final, ella con la corona de reina arriba del camello…
¿Sos consciente de que mucha gente mira la masa que es Masturbanda, pero te ve a vos haciendo un show, más allá de dirigir?
Creo que hay cosas que hago sin saber, como apasionado que soy… Estamos hablando de mí. No es fácil hablar de mí. Creo que tengo cierta creatividad en el momento. Y después hemos buscado tocar ritmos que le den participación a la gente. Y mucho tiene que ver con la creatividad de los ritmos, de subirlo, de bajarlo, de agacharse, de que participe la tribuna, de callarnos y que la tribuna aplauda… Hacen la ola de sube y baja, y nosotros les marcamos con el ritmo. Esas cosas fueron saliendo espontáneamente. Después sí, es cierto que mucha gente me dice: “‘Turco’, tenés que estar vos”. Y mucho me han obligado el nombre de Masturbanda, la esencia de Masturbanda, las características de Masturbanda. Y tenés que ir siempre adaptándote a lo que te pide el grupo. Entonces han aparecido cosas en las que me he subido a un parlante o arriba de un techo, pero son cosas a las que me ha ido obligando el grupo. Me parece a mí que al protagonismo te lo da el grupo. Más allá de ser el director, ellos me han ido obligando a ciertas cosas y muchas veces las hice yo como para motivar al grupo. De hecho, después muchos chicos me lo dicen: “No, ‘Loco’, cuando te subiste allá, salimos con unas ganas de tocar…”. O “Estamos todos pendientes porque nos obligás a que vos estás ahí arriba, te están mirando todos y, si el corte sale mal, ¿qué hacemos?”. Entonces eso tiene que ver un poco también con la conducción del grupo, con obligarlo, tenerlo concentrado, metido. Y se ha ido haciendo un personaje. Sí, es cierto que ahora ya estoy un poco “viejo”…
Si bien a lo largo de los años siempre fuiste vos el director, en el último tiempo llegó Juan Comesaña. ¿Eso te liberó después de tanto tiempo?
Juan vino en el carnaval previo a la pandemia, en 2020, y mi hija nació en el 2004. Tenés dieciséis años. Pero Juan empezó a dirigir en el carnaval 2024, cuando yo me fui de viaje. Pero a lo que quería llegar era que mi hija nació en el 2004 y no había quien dirigiera. Entonces era Adrián-dependiente. Si había un casamiento y yo estaba con mi familia, y los casamientos, encima, carnaval carioca, ¿a qué hora te hacen tocar…? A las 5:00, 4:00 de la mañana. Entonces ponía el despertador para levantarme e ir a tocar. Son cosas que verdaderamente me obligaban y de las que hoy me siento un poco más relajado…
Y, en lo familiar, ¿nunca hubo cuestionamiento?
Yo soy un agradecido de la señora que tengo, Mercedes, de toda la familia. Me aguantan los chicos, porque sé que ellos conviven con el “Loco”, “tu viejo, el loco que dirige la Masturbanda”. Obviamente, no es fácil. Alguna vez puede pasar alguna cosa puntual, porque no es fácil, pero nunca me dijo que no vaya más. Por ejemplo, ahora nos tenemos que ir de vacaciones y “Yaco”, que se va a estudiar, quiere tocar este año. Es nuestro hijo del medio, y buscamos irnos de vacaciones después de que termine el carnaval. Y Mercedes es parte de esa decisión y busca fecha para que vayamos después de los carnavales. Entonces, verdaderamente, siempre me ha apoyado y nunca me lo ha prohibido.

Masturbanda, como otras de las que vienen con mayor recorrido, tiene un ritmo muy característico de Lincoln. Hoy vemos que muchas agrupaciones se han volcado a hacer samba brasilero. ¿Cómo lo ves? ¿Puede ir Masturbanda para ese lado?
Creo que a algunas cosas de lo que es la samba enredo, Masturbanda ha incorporado. Pero no todo el tiempo, porque dejaría de ser Masturbanda. A mí me gusta mucho lo que hace Unidos (Unidos Do Samba), lo que hace La Fusión, lo que hace la “Chimi” (Chimichurri), porque se han preparado para eso. A los chicos de la “Chimi” los conozco mucho porque varios han pasado por la “Mastur”, se han preparado para eso, y a mí me encanta. Pero es difícil poder hacerlo con la Masturbanda, porque tiene otra esencia, tiene otro volumen. Por ejemplo, una caixa en Masturbanda no la vería. Sí, el redoblante típico de batería. Nosotros, verdaderamente, no le dedicamos todo el año a lo que es el desarrollo de los ritmos. No estaría mal hacerlo, pero no se lo dedicamos. Entonces somos muchos y, al ser tantos, ya es muy difícil ensayar el batido de la cajita, que a mí me encanta. Y, en el tema de lo que son los zurdos, primera, segunda, tercera, yo creo que, si vos te detenías a mirar a Masturbanda, hace primera, segunda y tercera. Pero no es que uno va en primera, el otro va en segunda y el otro toca tercera. Hay chicos que van tocando de una forma; otros, de otra; y otros, de otra. Entonces llena un poco más, pero no necesariamente va respondiendo a un tiempo de primera, de segunda o de tercera. En ese aspecto, a Masturbanda la veo bien y completa. Pero después me encanta lo que hacen los chicos con la samba, pero me parece que en Masturbanda es difícil lograrlo…
Después de haber transitado tu etapa como jugador de básquet, te dedicaste al entrenamiento. ¿Hoy no estás trabajando por decisión personal o por falta de equipo?
Dejé un poco por decisión propia. A mí me encanta el básquet, pero me gusta mucho también, y me preparé mucho, e inclusive me especialicé, en lo que es la preparación física en fútbol. A tal punto, que estoy ahí, entre ser entrenador de básquet y ser preparador físico de un equipo de fútbol. No sé con cuál quedarme, no sé qué me atrapa más. Me gustan las dos. Y, como entrenador de básquet, en un momento habíamos hecho un muy lindo trabajo en CAVUL. También trabajé en El Linqueño, pero en CAVUL habíamos podido hacer un muy lindo trabajo, sobre todo en inferiores, hasta lograr formar una Primera con participación de los jóvenes que se iban sumando de las inferiores y llegar a una final del torneo juninense. No se nos dio el campeonato, conseguimos el subcampeonato y llegamos al punto en el que había que dar un pasito más para seguir perfeccionando eso. Y no sé si encontré las respuestas. Entonces eso me condicionó a decir: “Hasta acá llegué”. Es como que íbamos subiendo la escalera y, cuando teníamos que llegar al primer piso, por decirlo de alguna forma, había que conseguir algunas cosas más y era como que el club todavía no estaba predispuesto o ensamblado, o no tenía la infraestructura, o el deseo dirigencial de poder continuar. Y no estoy hablando mal de nadie. Eso me aplacó, sumado a que tuve una oferta importante para agarrar algún club del Argentino A en fútbol. Eso me aplacó y decidí alejarme del básquet.
Eras el director técnico de la Primera, pero encabezabas todo el proyecto, desde los más chiquititos…
Trabajábamos con “Pitu” Rocha, con Silvio Olivera. Varios “profes” pasaron, y “Pitu” estaba hasta en U-13. A U-15, U-17 y la futura Primera, que después apareció, las dirigía yo. Así que estábamos bien coordinados y se hizo un lindo trabajo, sobre todo en lo que era el minibásquet, con muchos chicos que hoy ya están participando en Ligas nacionales. También CAVUL, en todas sus categorías, le aportó jugadores a la selección juninense, en su momento, con algún interés de los clubes, tanto Argentino como Ciclista, que querían a alguno de estos chicos para llevarlos a reforzar sus planteles.
¿Y con el fútbol?
Estuve el año pasado en Rivadavia. Había estado también con Fabio (Schiavi) en el Argentino A. Arranqué en El Linqueño, tuve la suerte de tener un entrenador y de hacer toda una temporada con Cayetano Rodríguez, que me dejó una enseñanza gigante, de todo tipo. Fue un año increíble para El Linqueño. No se le dio por esas cosas… Muchas que pueden haber pasado, que no se saben, y después no tuvo la suerte de pasar a la final en un partido en el que tuvo dieciséis situaciones de gol y no metió ninguna… Son cosas también del fútbol. Pero tuve la suerte de estar con Cayetano Rodríguez y me ha dejado muchísimas enseñanzas, no solo de lo que es el fútbol, sino también enseñanzas de vida, de manejo de vestuario. Y después, varias veces en varios equipos. He trabajado en Coronel Granada, en Argentino, en Rivadavia, con muchos entrenadores, y me gusta trabajar en fútbol…
¿Cayetano es el que más te marcó, más allá de que todos seguramente te dejan algo?
Sí, Cayetano era… Estamos hablando de alguien que era ayudante de campo, que en el año ’78 observaba los rivales de la Selección Argentina de (César) Menotti. Después dirigió América de México, estuvo en Barcelona con Menotti… Estamos hablando de alguien que en la ronda de café estaba con Sabina, con Serrat. ¿Te imaginás culturalmente lo que es…? ¿Y toda la enseñanza que les ha dejado, creo, a muchos, inclusive a muchos jugadores que hoy también son entrenadores? Ese sí me marcó. Pero también Fabio; me parece un entrenador muy capaz, muy inteligente, que ha crecido con el tiempo. Porque la experiencia le ha dado otra visión del fútbol, con otro manejo, en el cual ha salido campeón. Ahora está en Huracán de Carlos Tejedor. Hace cuatro años que viene saliendo campeón, desde que está él, cuando no sé cuánto hacía que no lo lograba… Entonces, obviamente, también de Fabio tengo un grato recuerdo. De muchos… De Julio Ramírez, también. Tengo distintas experiencias. Todos me han dejado una enseñanza. Y, en lo último, en Rivadavia, me tocó ir a ayudar a Matías Bardón, que me pareció un chico con una proyección de director técnico muy buena, muy capaz, inteligente, que sabe ver el fútbol, que sabe interpretar, que sabe ver los jugadores. Hace un análisis del rival importante. Me parece un chico inteligente y bueno. El año pasado nos quedamos en la puerta, perdimos catorce minutos de catorce partidos y nos tocó quedarnos afuera. Entonces, también hicimos una campaña bárbara y nos hicieron un gol, y nos tuvimos que quedar afuera. No pudimos empatarlo y no pudimos llegar a la final del Torneo Regional Federal Amateur del año pasado. Ahora me tocó estar en Rivadavia también, pero me alejé. No voy a entrar en detalles, pero había cosas que me parecía que no eran de la manera mía, y a eso se me sumó que estaba haciendo un esfuerzo grande para ir a entrenar, para ir a ser parte. Y tomé la decisión de dedicarle un poco más de tiempo a mi familia, de quedarme acá, cerca de mi hijo, que ahora se va a volver a ir a estudiar; cerca de mi hija, que está estudiando diseño industrial, y tenía que ir a buscarla y volver… Y disfruté un poco más de eso.
Para los próximos años, ¿te ves en Masturbanda?
La “Mastur” siempre está y te regala muchas cosas lindas, muchas amistades. Disfruté de muchos momentos con mucha gente. Inclusive, alguna no es de Masturbanda…
¿Te ha tocado ver el carnaval y ver pasar a Masturbanda sin vos?
Una sola vez, cuando estábamos concentrados con El Linqueño en el hotel Plaza. No me acuerdo del año, pero estábamos concentrados porque jugábamos al otro día. Estaba en el primer piso del hotel, la escuché y vi que venía. Estaba en la cama, me levanté y fui hasta la esquina de la plaza a verlos pasar. La única vez… Después, cuando no he estado, no he estado en Lincoln. Una vez, con Rivadavia, no llegué. Veníamos de Sansinena, cerca de Punta Alta, al lado de Bahía Blanca, y no llegué. Entré a tocar a la altura de lo que hoy es Atlético Deportes y esa noche dirigió Agustín Azar. Y hace dos años, por un viaje familiar, en la última noche no estuve, y dirigió Juan Comesaña. Pero no estuve; no la vi pasar.
